Quién lo creería pero Madrid era territorio de caza mayor -de ahí el oso y el madroño de su escudo- y fue un lugar rebosante de agua. El antiguo Magerit, del árabe Magrit, significa eso mismo, ciudad llena de agua. De ahí que el líquido elemento está presente en los frescos que tatúan hoy la Casa de la Panadería. Aunque hay que echarle algo de imaginación, precisamente la que le echó Carlos Franco cuando pintó la fachada en 1992. En ella conviven figuras de la mitología, como Cibeles y Baco, con otros seres completamente inventados, como Acuático y Lagunilla, alegorías que aluden a ese Madrid húmedo y medieval.